Los padres de familia buscan un centro educativo con excelencia, para que sus hijos adquieran en un sano ambiente, los conocimientos que necesitan para desenvolverse en el futuro, y que tengan un buen ejemplo dentro de la Institución, pero eso no es suficiente para formar buenas personas, pues aquí es adonde se hace indispensable la participación del hogar.

Formar a sus hijos es una gran e ineludible responsabilidad, pues es a los padres de familia a quienes les toca enseñar la honestidad, la solidaridad, la puntualidad y respetar a todas las personas, sin importar las diferencias de raza, de creencias y de formación.

Lo que yo llamo “Las palabras mágicas” deben aprenderse desde que sus hijos son muy pequeños. Deben saber que hay que saludar siempre, decir gracias, por favor, con permiso, con gusto, lo siento, perdón y aceptar cuando es necesario que se equivocaron, como resultado de la humildad que los padres les han enseñado.

Otro aspecto que se aprende en casa, son los hábitos alimenticios y después, se refuerzan en la escuela. El niño aprende desde su hogar a comer sano, a no comer con la boca llena, a usar los cubiertos correctamente, a mantenerse en la mesa mientras se alimenta, a no gritar mientras come, y a respetar la mesa siempre.

Además, los niños aprenden en casa a no tocar lo que no es suyo, a no tirar las cosas al suelo, a botar su basura, a organizar y cuidar sus cosas, a respetar las reglas del hogar, a colaborar en algunas cosas que les son asignadas, y lo más importante, a conocer y a amar a Dios, quien es nuestro Padre, Amigo y Ayudador a través de la vida, así como a respetar sus designios.

Y la manera más fácil y rápida de enseñar todo esto, es dando el buen ejemplo y ser testimonio para sus hijos siempre.… Ellos son los más observadores, siempre tienen sus ojitos puestos en usted, y después repetirán lo que vieron.

Mrs. Calderón.